Así comienza el libro...

El perro. Fue con él con el que empezó todo. Si no hubiera visto al perro solitario quizá no habría ocurrido nada. Nada de lo que después se convirtió en algo tan importante que cambió todo. Nada de lo que primero fue emocionante y luego espantoso. Todo empezó con el perro. El perro solitario que había visto aquella noche del invierno pasado cuando se había despertado de repente, se había levantado de la cama y se había sentado en la especie de hornacina donde estaba la ventana. Por qué se había despertado en mitad de la noche era algo que no sabía. ¿Habría soñado tal vez?
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domingo, 12 de agosto de 2007

Justo antes empieza a caer la nieve silenciosa

Se ha hablado antes de Joel. Acerca de cómo crece en un pequeño pueblo norteño. Son los años cincuenta. Hace tanto tiempo… sin embargo lo tenemos tan próximo.
Se cría en una casa cuyas paredes crujen, cerca de un río con aguas claras que corren hacia el mar que él todavía no ha visto. Vive con su padre, papá Samuel, el leñador callado que una vez fue marinero y todavía sueña con abandonar los bosques sombríos e irse con el mar, pero que es incapaz de marcharse. Viven allí los dos juntos, Joel Gustafsson y su padre. Y los dos sueñan, aunque de manera diferente, con mamá Jenny, que un día desapareció. Que cogió su bolsa y se marchó. Está en algún lugar. Pero ya no está con ellos, los dejó y tienen que ocuparse el uno del otro. Ahora nadie sabe dónde está.
Los bosques de abetos permanecen en silencio.
Una vez Joel ve un perro corriendo por la oscura y fría noche de invierno. Algo le ha arrancado del sueño. Se acurruca en una ventana y de repente ve al perro ahí fuera en la noche. Se mueve sobre patas sigilosas hacia una meta desconocida. Por un instante aparece ante los ojos de Joel. Y luego vuelve a desaparecer. (…)
El Invierno del Perro es un invierno que Joel jamás olvidará. Es entonces cuando empieza a comprender que él es quien es y nadie más. Pero crece, se hace mayor, cumple los trece. Y de repente ha olvidado al perro. Un día lo atropella un autobús. Vive un milagro. Acaba tumbado entre las ruedas sin ser aplastado. Se ve obligado a darse cuenta de que un milagro puede ser difícil de comprender. Pero aprende. Y de repente todo lo demás es mucho más importante que el perro solitario.
Crecer es hacerte preguntas. Hacerte adulto es olvidar poco a poco aquello que te preguntabas de niño. Eso es algo que ha entendido. Y él no quiere ser un adulto de esos.
Cada vez busca más la compañía de Gertrud la Sin Nariz. Esa que vive en una curiosa casa en la orilla sur del río, al otro lado del amenazador puente del ferrocarril. Con ella comparte muchos secretos. Una gran alegría. Pero también pena y desilusión.
El tiempo no quiere detenerse.
Continúa corriendo.
Y Joel sigue corriendo a su lado. De su aliento surge un día tras otro, mes tras mes. De la nieve que se funde brota una nueva primavera, cuando los hielos sobre el río rompen y los troncos de madera vuelve a pasar flotando en su largo camino hacia el mar. Llega un verano más en que los mosquitos zumban y el sol parece no cansarse nunca de brillar. Llega un otoño en que los arándanos rojos maduran, las hojas caen y la escarcha cruje bajo los neumáticos de goma de las ruedas de la bici. (…)

Llega un otoño en que pronto cumplirá catorce años. Ahora duerme profundamente en su cama. En algún punto de la pared, cerca de su oído, un ratón roe. Pero él no lo oye. Nadie sabe lo que está soñando.
Fuera en la noche empieza a caer la nieve silenciosa.
Todavía falta mucho para el amanecer.
Fotos de Héctor Melo A. http://www.flickr.com/photos/chile-suecia
Fragmento inicial de El niño que dormía con nieve en la cama" (pp.11-13), Henning Mankell. Editorial Siruela.

viernes, 13 de julio de 2007

Flickr


En El perro que corría hacia una estrella Joel viaja en sueños por el mundo. Sigue la ruta que recorrió su padre cuando trabajaba de marinero en un buque mercante. Los viajes soñados de Joel son una escapada de Sudsvall, un pueblo del norte de Suecia donde no hay mar alguno. Allí vive con su padre después de que su madre Jeny les haya abandonado sin dar ninguna explicación. Este hecho se convierte en una verdadera obsesión.
¿Cómo se las arregla uno para llegar a tierra en mitad de un bosque grande y
oscuro?
En realidad, ¿qué es lo que había pasado? ¿Por qué tenían que vivir
aquí, en medio de los grandes bosques oscuros, tan lejos del mar?
Todo el libro intenta responder estas preguntas. Y para ello, Joel dibuja un mapa y viaja en sus sueños desde Sudsvall a todos los puntos de Suecia: Narvik, Estocolmo, Gotemburgo. Y recorre todo el mundo: Newport News, en Estados Unidos; Middlesbrough, las islas Hébridas, Escocia, el Golfo de Vizcaya, Génova, en Europa; el río Congo, Zanzíbar, Mombasa, las isla Mauricio y la Reunión, en África; y llega hasta la India en su maravilloso recorrido.

En Las sombras crecen al atardecer se atemperan los deseos de viajar por el mundo, concentrado como está en hacer una buena obra para compensar el milagro de no morir aplastado bajo las ruedas de un autobús cuando cruzaba la calle. Así con todo, pasa muchas tardes solo en su casa, donde se pone a recortar un mapa viejo que tenía guardado y empieza una y otra vez a inventar su juego de la vuelta al mundo.
La nostalgia de Joel y las ansias de huir persisten en esta segunda entrega de los paisajes soñados de Joel.
-Al mar -continuó Joel-. Quiero que vuelvas a ser marinero y
que me lleves contigo. Quiero que nos vayamos ya.
-No hasta que no acabes la escuela -dijo Samuel-. Tal vez
entonces. Pero antes no.
-Ya he aprendido suficiente -dijo Joel-. Quiero que nos
vayamos ahora.
La tercera aventura de Joel transcurre en El niño que dormía con nieve en la cama. Aquí emprende decididamente su madurez. Se mueve entonces en un círculo mucho más corto: Svenvallen, Norrland, Brunflo, Ange, Ljusdal son ciudades que se encuentran muy cerca de Sudsvall. Está concentrado en las primeras experiencias amorosas y en cuidar a su desolado padre. Joel tiene que cuidar de sí mismo y también debe hacer de madre de Samuel. Es mucha su responsabilidad.
La muerte de Simón Tempestad acaba de sumirle en una desesperación que le lleva a anhelar nuevamente la escapada de los oscuros bosques. Sueña entonces con la isla de Pitcairn, situada en medio del Pacífico, en el otro confín del mundo:
Samuel seguiría aquí en la casa junto al río y continuaría
talando árboles en el bosque. Tal vez algún día lograse talar un camino hasta el
mar. Pero Joel no podía esperar tanto. Si quería ir a la isla Pitcairn en la
realidad tendría que apañárselas solo. Samuel podría seguir viajando en sus
sueños. Seguramente no harían nunca ese viaje juntos. Joel no podía entrar en el
sueño de Samuel y Samuel no podía viajar en la realidad.
Así eran las cosas.
De repente Joel podía verlo con absoluta claridad.
Ya no podía permitirse
seguir siendo infantil.
(pág. 152)
Consulta flickr, podrás conocer los paisajes soñados de Joel.
Los días pueden llegar a ser monótonos en una ciudad con muchos bosques y poco sol, donde tu padre habla poco y se siente la soledad de una madre ausente. Y Joel inventa un mundo de sueños y desafíos para crecer. Pero la realidad de cada día se hace presente y, además de inventar historias, Joel tiene que asumir sus responsabilidades, sus amistades y su pasado.